Diseño vs Estilo

IMG_4132a-600x175

Diseñar o hacer objetos estéticamente agradables?

El nuevo rol del diseñador.

En todas las escuela de diseño en el mundo y durante muchos años a los alumnos se les ha enseñado que las cosas deben ser agradables a la vista y los profesores invierten horas de trabajo, hablando de conceptos como la proporción, el color, la armonía. Desde los inicios de la historia del diseño siempre se ha buscado suplir tres necesidades específicas:

1 El uso/ la función es decir contestar a la pregunta: ¿Para qúe hacemos esto?

2 La técnica ¿Cómo lo hacemos?

3 La estética ¿Cuál es su apariencia?

Es decir un diseñador es aquel malabarista que tiene que tener en el aire estas tres determinantes para poder sacar adelante correctamente sus ideas.

Entre tanto en las escuelas de negocios, los alumnos invierten gran parte de su tiempo analizando el pasado y aprendiendo de ese análisis a cómo tomar decisiones correctas y adecuadas que garanticen el éxito de un negocio.

¿Pero que pasaría si afirmáramos que un diseñador no eso, que eso en la actualidad es un estilista, que se ocupa mas por dar forma a conceptos generados por otra persona? ¿O qué tal decir que los administradores de negocio deben aprender a analizar el futuro y lanzarse a buscar la innovación trabajando con conceptos que no encontrarán en un caso típico(business case)?

Entonces tendríamos que empezar a hablar de 2 conceptos poco conocidos dentro del gremio, pero cuyas metodologías han catapultado a grandes marcas como HP o Procter & Gamble, tendríamos que hablar un poco del Design Thinking (pensamiento de diseño) y del Design Management (Gestión de Diseño).

¿Qué es el Design Thinking? Es la metodología que nos permite detectar las necesidades especificas de las personas, bien sea al momento de desarrollar un producto o un servicio. Usando la lógica creativa del diseñador y complementando dicha lógica con herramientas de investigación, observación y co-creación, el Design Thinking permite revelar puntos clave (Insights)que a su vez permitan aumentar el valor de una idea o dar pie a la creación de nuevos modelos de negocio, encaminados siempre hacia la innovación. Es decir, que aquel diseñador que incorpore el Design Thinking dentro de su forma de trabajo, dejará de lado la forma y empezará a estructurar sus ideas en términos de estrategia, viabilidad y factibilidad.

La combinación entre el Design Thinking y la lógica que mueve el mundo de los negocios, es lo que podríamos llamar Design Management. Una disciplina que busca combinar estos dos lenguajes y que permite posicionar un producto partiendo del valor agregado que este ofrezca. El Design Management permite liderar, controla y supervisar cualquier proceso creativo dentro de una organización. “Es la parte de negocio dentro del diseño” como a bien tiene por definirlo el DMI (Design Management Institute). Esta es una disciplina que no pretende competir con las metodologías tradicionales al momento de ejecutar un negocio, sino por el contrario puede complementarla e incluso nutrirla con una gran cantidad de información relevante que ayudará a la estructuración de cualquier negocio en la que se vea involucrada. En ese sentido el Design Management no solo se encarga de estructurar el concepto de lo que va a ser desarrollado (usando todas las metodologías del Design Thinking) sino que tiene que velar por que la siguientes fases de ese concepto se lleven a cabalidad. En ese sentido toma herramientas del Project Management, el Marketing, el Branding y trabaja de manera transversal con los diferentes factores que intervienen en el desarrollo de un producto / servicio.

Y son estás disciplinas las que podríamos llamar “el nuevo diseño”, en donde la prioridad radica en estructurar a conceptos innovadores que involucren directamente a las personas y cuyo valor salga de la observación y el trabajo mancomunado con la gente. Al fin de cuentas, el objetivo primordial de cualquier negocios es ofrecer productos a las personas y no existe mejor fuente de inspiración que trabajar mano a mano con ellas, dejando de lado esa costumbre poco sana del diseñador promedio de que sus ideas son la clave que solucionará los problemas de un sujeto que él no conoce.

Es así como el trabajo del este nuevo perfil diseñador es aún mas complejo y se funda en su capacidad para decantar información que conduzca a tomar las decisiones indicadas.  Esta complejidad se resume en un factor que puede ayudar profundamente a cualquier organización, le permite entender, administrar e implementar mucho mejor los procesos de innovación dentro del portafolio de servicios que posea.